Una película que deja entrever lo que hubiera podido ser

“El insulto” es una película libanesa dirigida por Ziad Doueiri y que ha estado nominada a distintos premios en diversas ocasiones, la más destacada es la nominación a los Oscar como mejor película de habla no inglesa, aunque también destaca el premio del público que recibió en el Seminci de Valladolid.

El Insulto relata como un pequeño incidente entre un palestino musulmán y un libanés cristiano escala hasta convertirse en un conflicto nacional que pone de relieve los conflictos históricos entre ambas comunidades.

El Insulto

La película parte de que Tony denuncia a Yasser porque este le ha insultado después de que él rompiera una tubería que acababa de arreglar. La situación inicial puede ser y, de hecho, es, bastante desconcertante, pero es obvio que detrás de este conflicto trivial debe haber algo más, los entresijos del conflicto, pues, tampoco tardan en aflorar en la pantalla tan buen punto sabemos que Yasser es un refugiado palestino y Tony libanés, pero que, como todos, tiene sus propios conflictos y sus propias cruces que arrastra desde el pasado y que, al fin y al cabo, le hacen ser como es.

El conflicto que en un principio se nos había presentado como algo completamente trivial, casi superfluo y personal, pasa a tomar una dimensión mucho mayor, una dimensión casi nacional, me atrevería a decir. A lo largo de toda la película los abogados de las dos posturas irán sacando supuestos trapos sucios del contrario; información, pero, que atañe a cada comunidad respectiva.

Cabe decir que, en Occidente, o esta, como mínimo, es mi experiencia, los conflictos de Oriente Próximo siempre se nos han hecho muy lejanos y, quizá, esta sea una de las razones por las cuales la película no me llegó a captivar en ningún momento y no lograba mantener mi atención durante más de diez minutos seguidos.

Pese que las interpretaciones de los dos protagonistas eran majestuosas, cabe destacar la anécdota que mientras Adel Karam es un actor de cierta reputación y conocido en su país, Kamel El Basha era la primera vez que se ponía frente la cámara como actor profesional. Pese que en esta película a las mujeres se les reserva un muy segundo plano, destaca la actuación de Rita Hayek por su sutileza y por su delicadeza, poniéndose, así, a todos los espectadores en el bolsillo desde la primera escena en la que aparece.

Por lo que hace a la fotografía del filme, puede ser, también, que fuera una de las culpables de que la obra no me captivara, pues la duración de las escenas es excesiva y, bajo mi punto de vista, los planos no están demasiado cuidados, y a esto se le debe sumar la pesadez de los diálogos que parecían no avanzar y que hacía que se convirtiera en una película de sobremesa de domingo pero que, por lo que hace al argumento en general apuntaba buenas maneras, ya que destellaban, por el fondo, lo que hubiera podido ser.

De todos modos, lo que es innegable y que tiene un gran valor es que esta película te obliga a hacer una reflexión posterior sobre lo que se te acaba de mostrar en pantalla: ¿son los refugiados, los exiliados, los culpables de mis problemas?, ¿en qué momento los problemas de nación pasan a ser problemas personales y viceversa? Estas y otras cuestiones no se resuelven a lo largo de la película, pero El insulto te proporciona algunas claves para que tú, si puedes, lo hagas.