Siempre a la verita tuya es una reivindicación de la mujer y de la libertad.

Manuel Veiga es un actor, dramaturgo y director catalán que ha participado en numerosos montajes en el Teatre Nacional de Catalunya y en el Teatre Lliure. Actualmente está en el teatro La Seca Espai Brossa con el espectáculo Siempre a la verita tuya y que se puede ver hasta el 1 de abril.  

Entrevista a Manuel Veiga¿Qué vamos a encontrar sobre el escenario de La Seca Espai Brossa?

Vamos a encontrar un monólogo que se llama Siempre a la verita tuya, pero al que yo le pongo el sobrenombre de Monólogo flamenco a Lola Flores y un cante a la libertad de género. Un monólogo que, situado en la Transición y a través de la figura de Lola, explica el dolor de un padre al que la extrema derecha, la intransigencia de la época, le matan a un hijo por ser transformista. Yo interpreto al padre, a Curro, que es un palmero flamenco criado en un ambiente machista y que nunca aceptó el tránsito de su hijo que se vestía de Lola Flores. Entonces, cuando lo matan, él queda tirado en la calle, alcoholizado… y una noche pasa la Lola Flores real y él no sabe si es su hijo o es Lola y le va a explicar a ella todo lo que no llegó a tiempo de decirle a su hijo.

¿Por qué la figura de un padre y no de una madre?

Primero me planteé que fuera una madre, pero las madres acostumbran a entender mucho más y pensé que daba mucho más juego dramático que fuera un padre criado en un ambiente machista el que hiciera este viaje, de no aceptarlo a aceptarlo y cómo lo hace.

Me da la sensación de que es una obra llena de sentimiento y que si fuera un cante sería cante jondo. ¿Es así?

Sí, totalmente. Esa era un poco la intención, el lenguaje es muy flamenco, muy jondo, muy de sentido y sentimiento. De hecho, hay muchas frases hechas, muchas metáforas porque la gente del sur habla así. Hay muchas frases que son de la propia Lola Flores, frases que yo he cogido de entrevistas.

Por ejemplo…

Por ejemplo: mis primos los gitanos colgarán crespones negros en el balcón abierto de su corazón.

¿De dónde nace Siempre a la verita tuya? ¿En qué momento decides escribir esto?

Forma parte de una trilogía a la que yo llamo trilogía de los protagonistas ausentes, donde los protagonistas son personajes conocidos que de la nada llegan al todo. La primera parte de la trilogía fue una obra que se estrenó hace años, pero que repusimos hace relativamente poco en el Teatre Akadèmia que se llamaba JAR. Carmen Amaya y que estaba basado en la figura de Carmen Amaya, en el Somorrostro y en las barracas, y en la que Amaya tampoco aparece, era una protagonista ausente, nadie la interpretaba. La segunda es esta, Siempre a la verita tuya, en la que la protagonista es Lola Flores, pero tampoco aparece ella, no hay y el tema es, aparte del arte de Lola, la libertad de género. Luego hay otra tercera parte, que aún no se ha estrenado, que se llama Candel, l’altre català y que va sobre Paco Candel y sobre la inmigración de los años 50 y 60; está publicada, premiada, pero no está estrenada porque es más compleja de producción.

Esta obra se estrenó el 8 de marzo… ¿Algún símbolo especial?

Era el día de la mujer, la obra es una reivindicación absoluta de la mujer, no de la mujer de un solo color, sino de la mujer icónica como Lola, de la mujer anónima, de la mujer trans y de la libertad absoluta…

Dramaturgo, director, actor, productor… Un poco Juan Palomo. ¿Es un ejemplo de que los actores tienen que crearse sus propios proyectos?

Normalmente, cada cuatro o cinco años tengo la necesidad de hacer un proyecto mío propio, y este lo era. Quería que hubiera la menos gente posible involucrada en ello porque venía de un personaje que yo conocía mucho. Obviamente me han ayudado, pero toda la gente que hay detrás es la misma gente con las que hicimos JAR. Carmen Amaya y que ya conocen un poco lo que es el tema flamenco y gitano.

Has hecho también la dramaturgia de El viatge al centre de la terra (TNC), y sé que es difícil, pero ¿con qué te quedas: dramaturgia, dirección o interpretación?

Me quedo sobre todo con la interpretación de mis propias obras, me encanta. Lo de El viatge al centre de la terra era una cosa mucho más grande y que ahora nos vamos a París, pero es un montaje de grandes dimensiones y este es otro tipo de espectáculo, es un teatro muy íntimo, en una sala muy pequeñita. Pero me encanta estar escribiendo porque no dependes de nadie, sólo de ti. Luego interpretando ya hay más condicionamientos, tienes que buscar una sala, un equipo que se involucre…

Cuando escribías, ¿ya te imaginabas a ti interpretando la obra?

Entrevista a Manuel VeigaSí, escribía pensando que lo iba a hacer yo. Pero ha sido un proceso largo de escritura, porque desde que me nació la idea hasta que la he acabado, he ido trabajando como actor en otros proyectos, pero así ha tenido su tiempo de maduración que creo que ha sido bueno. También, cuando ya lo tenía escrito, he ido cortando, que es algo muy doloroso, pero tampoco quería que durase más de una hora porque es una obra intensa y tiene mucha metáfora y más de sesenta minutos creo que no era conveniente.

Cuando la has puesto en escena, ¿ha quedado como te imaginabas?

Por lo que la gente me comenta sí, es un poco la idea que yo tenía, una cosa muy pequeña, con pocos elementos pero que estos elementos son importantes y simbólicos a la hora del espectáculo. Por ejemplo, en el fondo hay una cortina de flecos que quien conoce bien al personaje de Lola sabrá que ella cuando actuaba siempre llevaba trajes de flecos y es una referencia clara. Son todo elementos que tienen un juego dramático, que no están porque sí.

¿La situación cultural y el panorama teatral en España está mejorando?

Le queda, le queda mucho. Todos están pasando por un mal momento a nivel económico, pero, quizá, los pequeños teatros tienen unas dificultades añadidas; hay muchas veces que grandes espectáculos en salas pequeñas pasan desapercibidos, pero no por la calidad o el talento, sino porque la gente no se ha enterado de que están. Y en muchos de estos teatros pequeños se están haciendo cosas gracias al amor al teatro de la gente, no porque haya un rendimiento económico importante. En cambio, si te contratan en el Nacional ya sabes que tendrás un sueldo fijo, en estas pequeñas salas muchas veces se está trabajando heroicamente.

Volviendo ya a la obra… ¿Quién era La Faraona?

Yo personalmente no la conocí, sólo coincidí con ella una vez cuando yo estaba escribiendo JAR. Carmen Amaya y ella me dijo: cuando Carmen bailaba sudaba oscuro, color sangre, como los cristos antiguos. Ella como artista te podía gustar o no, pero era una persona que tenía una luz especial. Hay personas, hay artistas que tienen esto, pocos, pero los hay, como lo tenía Anna Lizaran en teatro. Hay artistas buenos, malos, regulares… Y luego está aquella persona. Y Lola era así, Lola era aquella persona. Recuerdo que cuando tenía unos veinte la fui a ver actuar por la tarde y me quedé tan en shock que me quedé al espectáculo de la noche; ese día no me atreví a entrar a decir nada y siempre me he arrepentido. También la he conocido a través de amigos suyos, gente que, casualmente, la vida te los pone y a través de su hija Lolita, que somos amigos. Por lo que dice la gente que la había conocido, era una persona absolutamente generosa, que lo daba todo, amiga de sus amigos, una mujer muy fuerte, con una personalidad muy marcada, pero muy dulce al mismo tiempo, muy cariñosa, muy potente en el sentido que siempre hizo lo que ella creía con su vida, muy libre, muy madre también… Entrevista a Manuel VeigaNo sé de nadie que la haya conocido que hable mal, incluso la gente cuando habla de ella se emociona y eso es, de lo que siembras, lo que dejas en la vida.

¿Y para ti quién era?

Era una persona con la que yo sólo coincidí una vez, pero que, de alguna manera, formaba parte de mi vida cotidiana, porque la tenías constantemente en la televisión, en las revistas… Era un personaje que siempre me había caído bien, pero yo en aquella época escuchaba más a su hijo Antonio, pero la primera vez que fui a ver quedé en shock. Creo que la auténtica Lola era la que estaba encima del escenario, la dimensión artística de ella no se puede medir si no las has visto actuar, era brutal. Era un genio. Dentro del flamenco ha habido varios, que han sido Carmen Amaya, Camarón y Lola, que era un género aparte. Era un género ella misma.

Has escrito sobre Carmen Amaya y sobre Lola, ¿alguna relación con el mundo del flamenco?

De pequeñito me impactó mucho la película Los Tarantos, donde salían Carmen Amaya y Antonio Gandes. Es como un Romeo y Julieta, pero entre gitanos y rodado en la Barcelona de los años 60, es una pelicula que incluso llegó a estar nominada al Oscar.

Con 15 años ya escuchaba rumbas: El Gato Pérez, El Pescaílla… Yo y una prima mía éramos los raros que nos gustaba esta música, pero luego, con el tiempo, hemos descubierto que teníamos un bisabuelo gitano y de ahí debería venir la cosa, pero sobre todo a través de la obra de Carmen Amaya he conectado mucho con los gitanos que son una raza de la cual deberíamos aprender, porque tienen una cosa estupenda y es que son muy generosos en los afectos; a nosotros nos cuesta decir o demostrar, y a ellos no, y esto en estos tiempos tan fríos de redes sociales se agradece.

¿Si te tuvieras que quedar con una canción de Lola Flores?

Pena, penita, pena.

Tú, Manuel, ¿siempre a la verita de quién?

Yo siempre a la verita de la gente con talento, pero con talento de verdad, que además acostumbran a ser las personas más nobles y más sencillas porque no tienen la necesidad de demostrar nada porque ya lo son y entonces son generosos en escena, estos acostumbran a ser los más grandes de verdad.