Extendí mis sentidos y me concentré en ella para examinarle el aura y confirmar que era una hija de la noche como yo, y de paso para averiguar cuál era su estado emocional, cuando me quedé embobado mirándola.

Era una mujer rubia, de tez clara, casi pálida y rasgos exóticos. Tenía los ojos de color marrón. Era alta, de unos ciento setenta y cinco centímetros de altura y delgada, pero de cuerpo atlético, lo que le daba un aspecto extraño y estilizado. Llevaba muy poca ropa puesta, una pequeña falda transparente que apenas cubría nada y una camiseta llena de calaveras que claramente no era de ella, puesto que le apretaba por todos los lados y marcaba aún más su figura y sus curvas.

Por su manera de moverse mientras se dirigía hacia mí, parecía ser que estaba muy acostumbrada a llevar ese tipo de ropa. Y además sabía que era bella, y lo utilizaba en su beneficio. (Que pronto te diste cuenta, Marquitos)

– ¿Vas a seguir mirándome ahí parado durante mucho más rato?

– Ja. Digo, nein. Disculpad mi mala educación – dije en mi mejor castellano – Pero he escuchado un grito y he venido a ver qué ocurría. Mi nombre es Markus Johann Zellwegger – volví a hacer una pausa – Giovanni. Vengo del Sacro Imperio, del München. Soy médico y tengo mucha experiencia, pero por lo que veo que no me vais a necesitar

– Que manera más graciosa de hablar tienes – dijo en un perfecto bávaro – Me llamo Noa Navratilova. Y vengo de Sofía, Bulgaria. Soy feriante y mi número es el de la asombrosa mujer tatuaje

– Así que trabajáis en el circo como la mujer tatuaje. Quizás podríais… – mi mirada empezó a inspeccionar la habitación.

– Por supuesto. Esto es lo que sé hacer

Empezó a hacer aparecer y desaparecer tatuajes sobre su cuerpo, a moverlos por sus brazos y a hacerles cobrar vida. Pero no me fijé en nada de eso. Me fije en que en la habitación había espíritus, muchos espíritus, y no parecían estar de muy buen humor. Rondaban a Noa.

Estupendo, por fin una cosa de la que sabía y en la que podría ser de ayuda.

– Disculpad mi intromisión, pero ¿podéis contarme lo que os ha pasado? – dije ignorando sus movimientos

– Pues no lo sé ciertamente. Sólo sé que estaba durmiendo, he tenido un sueño extrañísimo y me he despertado así. Es algo que me ocurre muy a menudo

– ¿Soñar, decís? Los de nuestra especie no podemos soñar. Solamente algunos de mi linaje y son muy raros. Técnicamente al salir el sol entramos en un estado parecido a la muerte y los muertos no sueñan

– ¿Nuestra especie?

– Yo soy un vampiro, como vos. Del linaje de los – otra vez hice la pausa – de los Giovanni

– Un Giovanni – dijo con un tono alegre en su voz – nunca me he encontrado a uno, hasta ahora. Yo pertenezco al linaje de Ravanna. Y llevo soñando desde antes que me abrazaran, allá por el año 1850. Incluso cuando era mortal tenía estos sueños

Estupendo, una ladrona. No tenía bastantes problemas con el inglés.

– Ya veo. ¿Y qué sabéis de los fantasmas?

– ¿Qué fantasmas? ¿Los que me rodean? – asentí con la cabeza – Pues que ya desde mi existencia mortal, me acechaban. Los veía, tenía visiones, me daban sueños proféticos. De hecho, esa fue la razón por la que me abrazaron, para que pudiera seguir siendo la guía de la tribu y mi poder no se perdiera

– Curioso. ¿Y podéis seguir viéndolos?

– A veces si, a veces no. Yo no controlo ese poder. Ellos me visitan, y se me aparecen, cuando quieren

– Pues, entonces, debemos de hablar largo y tendido, ya que yo sí que los veo y dispongo del poder para invocarlos y controlarlos

Salimos de la habitación y volvimos de con los demás. Estaban debatiendo sobre los motivos que les había llevado allí. Me senté con los demás, mientras observaba a Noa dirigirse hacia el tocador, cuando vi una sombra en el espejo que había dentro.

Era una figura espectral y diabólica, no como los fantasmas que rodeaban a Noa, este era más tangible. Y peligroso. Así que rápidamente me levanté y entré con ella.

– Vaya, vaya, veo que no pierdes el tiempo – me dijo con una mirada lasciva – Como quieras. Vamos a pasar un buen rato

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