Noa empezó a desnudarse.

Yo, como buen caballero, me di la vuelta para no avergonzarla, y entonces la escuché gritar y toda la habitación empezó a cambiar.

Parecía como si hubieran transcurrido trescientos años en apenas un segundo.

La habitación se encontraba llena de polvo, los muebles carcomidos, las paredes desconchadas y las cortinas ajadas.

Me giré para ver qué le había ocurrido Noa, pero ya era demasiado tarde. Ella ya no estaba allí. Pero no estaba solo.

Estaba rodeado de múltiples espectros que me miraban amenazadoramente.

No paraban de repetirme que ella era suya, que no se la robaría. No sabía a qué o a quién se referían.

Si hubiera estado al cien por cien de mis capacidades, los fantasmas no hubieran sido rival para mí y me lo hubieran contado todo, pero en el estado tan debilitado en el que me encontraba, tenía mis dudas sobre el resultado de la batalla.

Hice acopio de todas mis fuerzas y empecé a luchar contra los espectros.

Me golpeaban con rayos de energía fantasmal para debilitarme, me susurraban cosas para doblegar mi voluntad, pero lo que no sabían es que yo no era un novato en estas luchas y que me conocía todos sus trucos.

Puede que no estuviera al máximo de mis capacidades, pero sabía qué tenía que hacer para derrotarlos.

Y uno a uno iban cayendo, y con cada uno que caía, yo me iba haciendo más fuerte, recuperando más poder.

El último espíritu que quedaba me llamo la atención. Se encontraba separado de los demás, y no parecía que fuera a atacarme.

Éste, a diferencia de los otros, tenía una forma bien definida. Tenía el aspecto de una chica joven. Alta. De pelo rubio. Piel clara. Me parecía extrañamente familiar.

Y tanto que me resultaba familiar, era la ladrona que acababa de conocer. Pero había algo diferente en ella. No sabía exactamente lo que era. Pero había algo que no encajaba.

– Noa, ¿qué hacéis aquí?

– Tienes que protegerla – Su voz era idéntica a la de Noa

– ¿Proteger? ¿a quién? ¿de qué? – pregunté

– Tienes que protegerla, tienes que salvarla

– Si es vuestro deseo, así lo haré, pero si no me decís a quién debo proteger, y de qué, no seré de mucha ayuda

El espíritu fue haciéndose cada vez más translucido, mientras señalaba detrás de mí y repetía esas palabras.

Me giré y allí había otro espíritu neblinoso. En un gesto de desafío me golpeó la cara y me quitó la máscara, que cayó al suelo, entonces una oleada de furia me invadió y con un solo gesto de la mano, lo desterré al Olvido para siempre.

– Joder Markus, eres feo de cojones – dijo la voz de una mujer – ya decía yo que era demasiado bonito para ser verdad

La voz era la de Noa. Estábamos de nuevo en el tocador. Todo había vuelto a la normalidad. Parece ser que ella también había tenido un encuentro en el otro lado, puesto que sus muñecas volvían a estar abiertas y sangrando.

Me agaché a recoger mi máscara y me la puse sin hacer ningún gesto. Una voz no paraba de resonar en mi cabeza:

“Sálvala de ella misma”

En ese momento, la puerta se abrió de golpe.

Eran nuestros compañeros que me habían visto entrar apresuradamente en la habitación y cerrarse la puerta de repente detrás de nosotros justo al traspasar yo el umbral.

Nos habían estado llamando y al ver que no respondíamos, decidieron tirar la puerta abajo.

Le expliqué lo sucedido, excepto lo del fantasma de la mujer, y decidimos ir al circo a investigar la noche siguiente, ya que el amanecer se acercaba.

– Si me permitís, me gustaría estar con vos para ver cuál es la razón por la que los fantasmas se sienten atraídos hacia vuestro ser – le dije a Noa – ya para protegeros si vuelven a atacaros como esta noche

– Vaya con el alemancito. ¿Me estás pidiendo una cita o qué? Pensaba que los germanos eran más tímidos

– ¿Perdón, mi señora? – le dije extrañado – No, malinterpretáis mis palabras – le corregí – No os estaba pidiendo cita alguna, sólo es mera curiosidad. Pero no quiero decir que no me gustaría, al contrario, estaría encantado – ya no sabía que decir ni dónde meterme. Esta mujer me bloquea la mente, y eso no me gusta

– Lo dicho, eres muy gracioso Markus. Qué lástima que seas un jodido cadáver con patas, porque podríamos llevarnos muy, muy bien – se quedó mirándome con sus profundos ojos castaños – Si no tienes sitio donde dormir, puedes venir a mi barraca en la feria. Quiero probar al ver que se siente al acostarte con un hombre sin sentir deseos de tirártelo (Joder… parezco una furcia… esta me la vas a devolver alemancito)

¿Tirarlo a dónde? No tenía ni idea de a lo que se refería ni el significado de esa frase, aunque al menos dormiré tranquilo sabiendo que a mí no se me va a tirar, sea lo que sea.

Y así estaré más cerca de ella para protegerla y para investigar esos fantasmas que la acechan.

Henry y Vicky se fueron a su piso, mientras que Laura, Jay, Bob y Silencioso se quedaron junto a Raps a dormir en el piso en el que nos encontrábamos.

Noa y yo salimos de la casa y nos dirigimos hacia su “casa”.

Ella dormía en el carromato donde hacía su espectáculo, el de la Asombrosa Mujer Tatuaje. Y lo anunciaba con un luminoso cartel colgado del quicio de la entrada.

Mientras íbamos a nuestro lugar de descanso me fijé con más detenimiento en la mujer que me acompañaba.

Se movía contoneando su cuerpo, exhibiéndose. Era preciosa, lo sabía y lo usaba a su favor. Su melena rubia le colgaba por debajo de sus hombros. No podía dejar de mirarla.

¿Acaso me estaría empezando a sentirme atraído por ella?

Traté de alejar de mi mente ese pensamiento, de todas maneras, ella ya había dejado claro que yo era un cadáver y que no había ninguna posibilidad. Tenía que centrarme en lo que la rodeaba.

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