– ¿Quiénes sois? ¿De dónde habéis salido? – su voz denotaba auténtico pánico.

– Disculpe, mein Herr – le respondí en castellano – Nosotros estábamos huyendo de una bestia, hemos visto la luz y hemos decidido entrar por esa puerta -señalé la puerta por la que habíamos entrado – sentimos haberos importunado

– Pero, ¿qué dices? ahí no hay ni ha habido nunca ninguna puerta – respondió

Me giré hacia el lugar por dónde habíamos entrado, y para mi sorpresa, el hombre tenía razón. Ahí no había ninguna puerta.

– Marchaos de aquí antes de que llegue la guardia, ladrones. Ya la he avisado

 No me hizo falta mirarle el aura, ni esforzarme para saber que está mintiendo. Y muy mal, por cierto.

De repente oímos un leve gemido que provenía de una cortina situada detrás de donde se encontraba el individuo.

– Markus, ¿has oído eso? – me dijo Noa

– Ja, parece el gemido de un niño – me volví hacía nuestro interlocutor – Disculpe, mein Herr, hemos oído el lamento de un niño. Ich bin Doktor. Quizás pueda ayudarle

 – ¿Qué gemido? yo no he oído nada – la cara, y el aura, le cambió de miedo a nerviosismo – Largaos de aquí y haré como que no ha pasado nada

Obviamente estaba ocultando algo. Cuando me giré para decírselo a Noa, ella ya no se encontraba a mi lado. Se las había ingeniado para escabullirse sin ser detectada y acercarse hasta la zona de dónde provenía el gemido.

Corrió la cortina y lo que vimos allí, me produjo asco hasta a mí.

Había un niño atado a un potro de tortura. Estaba abierto en canal, desde la base del cuello hasta el pubis. Tenía todas las vísceras al aire, pero seguía respirando y gimiendo.

¿Qué clase de monstruo era capaz de hacer eso? Vale que yo también experimento con humanos, pero al menos mis sujetos de pruebas están muertos, y nunca son niños.

Me levanté la capucha y me quité la máscara. El hombre se quedó paralizado de terror.

– ¿Qué eres? – me dijo

– Tu muerte – le respondí

En ese instante, Noa entró en frenesí y se abalanzó sobre el hombre. Parece ser que no le gusta que hagan daño a los niños.

El torturador intentó resistirse, pero era inútil, tenía todos los músculos del cuerpo paralizados de miedo.

Noa lo despedazó y se bebió su sangre. Yo no podía dejar de mirar la escena. Sangre por todos los lados, y ella embadurnada de los pies a la cabeza. Le daba un aspecto bestial, pero a la vez sensual y atrayente.

¿Por qué diablos pensaba en eso? Tenía que concentrarme en algo útil, no en ensoñaciones imposibles. Hay más posibilidades de que el hombre llegue a la Luna que yo tenga alguna oportunidad con ella.

Entonces me concentré en el niño. Se encontraba en un estado deplorable y muy mal herido, pero el torturador era un experto en su arte y sabía exactamente lo que tenía que hacer para mantenerlo con vida.

Quitando del corte vertical en el pecho, no tenía ninguna herida más y no había perdido demasiada sangre.

Sus órganos internos estaban en buen estado, así que, si le suturaba la herida y cortaba la hemorragia, había muchas posibilidades de que sobreviviera.

No perdí tiempo, volví a ponerme la máscara y me puse a trabajar.

Gracias a los instrumentos de tortura que tenía al lado, pude cerrar rápidamente la herida.

¡Cuánto daño se puede hacer con los conocimientos adecuados en manos del hombre equivocado!

Al poco se acercó Noa preguntándome como estaba el niño. Le dije que bien. Que la herida era grave pero que sobreviviría. Simplemente necesitaba cuidados.

Aproveché para coger algunos instrumentos que me podrían ayudar en mi función médica.

Noa se ofreció a cuidarlo. Su expresión de furia cambió, pasó a ser una expresión de amor maternal, hasta que durante un imperceptible instante la expresión se le tornó de tristeza. Algún mal recuerdo de su vida mortal, supuse.

Salimos del sótano. Iba yo primero, con Noa detrás de mí mientras llevaba al niño en brazos.

Qué ironía. Durante toda mi existencia he dependido de siervos para que me protejan, y ahora estoy actuando yo de protector. Se me escapó una leve carcajada.

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