Capítulo Séptimo: La Bella y la Bestia – Parte 1

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La noche siguiente amaneció oscura. En la habitación no se vislumbraba ni el más mínimo ápice de luz. No es que mis estancias fueran muy luminosas, pero al menos se filtraba el resplandor de la luna o el refulgir de las antorchas de la calle.

Expandí mis sentidos, y lo que descubrí o, mejor dicho, la falta de descubrimientos me intrigó todavía más. No se escuchaba ni un solo sonido. Es como si toda la ciudad estuviera muerta.

Me levanté de la cama y me dispuse a vestirme. Dejé a un lado mi fiel túnica que me había acompañado todos estos siglos, pero ahora era un hombre comprometido y debía de estar al nivel que requería para no avergonzar a mi dama.

Busqué por los armarios de la habitación y encontré algo de ropa del anterior inquilino. Me venía un poco ajustada, pero me sentaba bien.

Era una ropa noble y lujosa, demasiado pomposa incluso para un noble veneciano. Qué curioso, esto también me recuerda a aquella noche en el castillo Duabyakosky. Ahora solo falta un ataque y…

No pude terminar de pensar la frase porque un ruido me alertó. Un golpe seco, en la puerta del piso inferior.

Noa se despertó sobresaltada, con un cuchillo en la mano.

  • Ni te me acerques que te rajo, maldito cazador vampiros – dijo moviendo el arma de un lado a otro

Le hice un gesto con la mano para que se callara mientras le acercaba un poco de ropa de la que había en el armario, puesto que yo era incapaz de encontrar la que ella llevaba anoche. Le susurré que se vistiera y que me acompañara, que no estábamos solos y estaba pasando algo raro.

  • Poneos detrás de mí, mi señora, yo os cubriré – le dije mientras bajábamos con cuidado al primer piso.
  • No hace falta que me trates de usted ni me digas eso de mi señora. No soy la señora de nadie
  • Como deseéis, mi señora – Noa se me quedó mirando- Como quieras, Noa – me corregí – pero me es difícil tratar a alguien sin el respeto que se merece
  • Lo que tú digas – me contestó Noa con desdén – ¿qué es lo que pasa?
  • Aún no lo sé. Pero la ciudad está extrañamente silenciosa. Pero no os preocupéis. Yo os protegeré
  • Y dale, que no necesito que me proteja nadie. Se cuidarme perfectamente sola
  • Es el deber de un caballero el proteger a su dama
  • Ni caballero ni leches. Te repito que soy más que capaz de cuidar de mi misma, cansino

No me agradaba la idea, pero la dejé ir delante. Al fin y al cabo, no tenía más remedio.

Llegamos al piso de abajo y con precaución nos dirigimos hacia la puerta. Noa la abrió con cuidado y se asomó para poder observar lo que había al otro lado.

Tengo que inventar algún método o algo para poder mirar a través de una puerta sin necesidad de abrirla. Así sería todo más seguro.

Noa abrió la puerta por completo y me señaló una enorme torre que había surgido en medio de la ciudad. Era negra como la noche y apenas se distinguía su silueta del horizonte.

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Me dicen que soy muy serio pero es Bromo. Soy un protón, siempre positivo

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