Hay mucho que aprender del cerebro de los insectos para aplicarlo a sistemas de orientación precisa.

Los diminutos pero eficientes cerebros de los insectos han atraído la atención de los investigadores interesados por la robótica, que ven en ellos un modelo perfecto para desarrollar nuevas máquinas y algoritmos. Así ha nacido el proyecto Brain on Board.

El proyecto ya ha probado con éxito robots inspirados en hormigas y abejas y planea hacer lo mismo con otros insectos. De esta manera, enlazando lo biológico y lo artificial gracias a las matemáticas, se puede ir traduciendo algo tan complejo como un cerebro.

El atractivo de estos cerebros reside en su eficacia, capaz de orientarse en espacios tridimensionales de kilómetros de longitud recordando una determinada ruta como el caso de las abejas que vuelven a sus colmenas, optimizan sus rutas y se adaptan con rapidez a nuevos escenarios.

Para desarrollar estos tipos de robots, biólogos y neurocientíficos computacionales tienen que crear modelos que capturen los detalles esenciales de los organismos vivos.

La clave es investigar el comportamiento de grupos de neuronas en cerebros sencillos que realizan tareas muy precisas de movimiento.

este tipo de trabajos supone, además , un intercambio recíproco entre áreas. Según Graham y sus colegas, el estudio combinado de cerebros y algoritmos “no solo beneficia a la robótica, sino también a la biología”. En este sentido, las matemáticas pueden ayudar a entender mejor como funciona el organismo.

El proyecto “Brains on Board” es fruto de la colaboración de varios equipos de las universidades de Sheffield, Sussex y Queen Mary y está financiado por el Consejo de Investigación de Ingeniería y Ciencias Físicas (todos ellos en Reino Unido). Además colaboran con el HBP, pues la tecnología desarrollada es “escalable, accesible y de gran interés para muchos de sus equipos”.

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