Memorias

Decidimos acercarnos al lugar para poder investigar con más detenimiento.

Al llegar a las cercanías de la torre descubrí la razón del porque era negra.

No lo era debido a que las piedras que la formaran fueran de ese color, sino porque parecía absorber la luz de su alrededor.

La toqué. Era una piedra fría al tacto, y una extraña sensación me recorrió de arriba abajo. Si no fuera imposible diría que acaba de tener un escalofrío.

Al poco de llegar nosotros también llegaron el resto de nuestros compañeros a investigar lo ocurrido. Jay y Bob, Henry y Vicky.

Esto parecía una cena de parejas. Pero para que eso fuera así, Jay y Bob debían de ser sodomitas. Me santigüé rápidamente al tener un pensamiento tan blasfemo. La Biblia prohíbe la relación entre personas del mismo sexo. Las relaciones humanas deben ser con el objetivo de tener hijos, no se debe sucumbir a la lujuria.

Entonces me surgió una duda. La relación entre Noa y yo. ¿Sería pecado? Aunque claro, no somos humanos y no podemos tener hijos de forma natural, a menos que…

Maldita sea, debo de consultar mis libros para poder encontrar una solución a esta situación.

Me di media vuelta y me dirigí hacia mi casa pensativo, cuando la voz de Noa me detuvo.

  • Markus, ¿a dónde vas?
  • A mi casa, a mirar unos libros
  • ¿Y qué hacemos con la torre?
  • Ah sí claro, la torre. Se me había olvidado. Dividámonos por parejas. En unos cinco minutos nos vemos aquí de nuevo, a ver si hemos encontrado una entrada

Formamos tres grupos. Noa y yo, Vicky y Henry y Jay y Bob. Lo dicho tendré que hablar con ellos. Son buena gente y me preocupan sus almas. No quiero que ardan en el infierno.

Al terminar la vuelta, Noa y yo no habíamos encontrado nada, ni siquiera una ventana.

Henry y Vicky fueron los que encontraron la entrada. Era una especie de carbonera. Nos dirigimos allí y las abrimos. Había unas escaleras que bajaban al sótano. En las paredes había antorchas encendidas que iluminaban la escalinata. Cogimos una y bajamos, esto me recordaba un poco a mi laboratorio de la Catedral de los muertos.  Al final de la escalera había una habitación.

Abrimos la puerta y entramos. La habitación era muy grande. Estaba construida con una especie de piedra roja que reflejaba la luz de manera que le daba un aspecto muy extraño y rojizo.

Enfrente de nosotros había una puerta de metal. No había nada más en la habitación.

En la puerta no se le veía ninguna cerradura ni pomo, ni manera de abrirla. Exploramos un poco la habitación y nos dimos cuenta de que la escalera por la que habíamos bajado, había desaparecido, ya no estaba.

Estábamos atrapados en un sótano de una extraña torre con la única salida bloqueada por una puerta sin paño ni pomo.

Me acerqué al marco de la puerta y toqué la piedra del alrededor para ver si había alguna abertura o defecto por el que pudiéramos forzar el marco, pero mi sorpresa fue que la piedra no era tal. Era una especie de gelatina carnosa.

Cogí un poco y me la acerqué a la nariz. Tenía un olor familiar. Olía a sangre. La probé y confirmé mis sospechas.

  • Las paredes de esta habitación están hechas de sangre
  • ¿Pero qué dices? – contestó Henry – eso es imposible, la sangre no tiene esta consistencia, no sería capaz de…
  • Eso ya lo sé. Pero los muertos son incapaces de andar y mucho menos de hablar, y aquí somos al menos tres que contradecimos eso – dije señalando a Henry y a Noa – Tengo una idea. Voy a ver si puedo atravesar la pared y abrir la puerta desde el otro lado

Nadie me dijo que eso era una locura. Nadie se ofreció en ir. Cabrones. Del inglés y de las mujeres me lo esperaba, pero de Jay y Bob, no, esperaba que al menos Bob dijera algo. Pero no fue así.

Atravesé la pared y empecé a caminar. Era imposible ver o escuchar algo. Estaba rodeado de sangre cuajada. Sólo me quedaba la opción de seguir avanzando hasta llegar al otro lado de la pared, suponiendo que también fuera de sangre, si no tendría que dar la vuelta, y sin sistema de referencia, podría acabar perdiéndome. Esperaba que la pared no fuera muy gruesa.

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