Memorias

Vi que, en mi pecho, en la zona en la que había depositado la piedra, había una mancha gris. Miré por toda la habitación a ver si encontraba los restos o alguna pista de lo que había ocurrido.

Encontré mi cuerpo tirado en el suelo, en el lugar en el que estaba realizando el experimento.

Ahora que no se movía, parecía un cadáver completamente que no se diferenciaría apenas nada de alguno que llevara siglos muertos y enterrado en un camposanto.

También vi el cuerpo de Laura en un rincón de la habitación, esa chiquilla tiene una extraña habilidad para colarse en sitios cerrados. Seguí buscando, pero no había rastro de la piedra, así que supuse que debía de haberse consumido en el ritual.

Me puse a analizar la situación. Exceptuando el cambió de cuerpo y una niña inconsciente en el suelo, parece que no ha pasado nada extraño ni nada raro.

– ¡Verdammt nocht mal! – mi voz era completamente distinta. Tenía un tono más grave – ¿Laura, estás bien?

Me acerqué corriendo hacia el cuerpo de la niña. Estaba viva. Respiraba y tenía pulso. Instintivamente le miré el aura. La tenia gris, apagada, muy diferente del aura coloreada y brillante que tenía normalmente.

– ¿Laura, estás bien? – repetí mientras ella abría los ojos

– Sí. Creo que sí. ¿Qué ha pasado? – su voz era débil

– Eso mismo iba a preguntarte yo. No sé qué ha ocurrido. Por cierto, ¿Cómo has entrado en la habitación si cerré la puerta con llave?

–  Bueno, no eres el único que tiene habilidades especiales. Si me disculpas, me tengo que ir. Nos vemos luego, Marquitos

– Yo creo que tu debes quedarte a descansar aquí, estás muy débil – tenía que averiguar lo que le había pasado

– No, mejor me vuelvo con Bob y Jay que estarán preocupados. Por cierto, ahora estás mucho más bueno. Ten cuidado no te vea Noa, o te dejará seco – dijo entre risas mientras se marchaba – por cierto, te he traído esto, que ya es hora de que te cambies esos andrajosos y malolientes guantes – me dio un pequeño paquete

– Danke schön – le hice un gesto con la cabeza – Si te encuentras mal, por favor, no dudes en venir a verme

Me quedé analizando las palabras de Laura. Con este aspecto de persona normal voy a ser incapaz de asustar a nadie. Mi primera línea de defensa ya no es válida. Con esta apariencia no asustaría ni a un niño de teta. Tenía que descubrir alguna manera de volver a mi cuerpo.

Me acerqué a mi cuerpo para recoger los guantes y la máscara, pero me detuve a pensar. Ya no hacía falta que me ocultara detrás de una máscara ni llevara guantes para ocultar mi estado putrefacto.

Y técnicamente, ésta ya no era mi cara, por lo que no incumplía el juramento que hice el día que murió Irene, así que los dejé donde estaban.

Guardé mi cuerpo en uno de los armarios del sótano, no quería que me pasara nada, hasta que encontrara la manera de volver a él.

Abrí el paquete que me había dado Laura y eran unos guanteletes de hierro.

Mientras observaba el regalo, llamaron a la puerta de arriba.

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